Una de las creadoras del primer transgénico comercializado habla sobre la incertidumbre científica en torno a la ingeniería genética | Observatorio OMG

La Dra Belinda Martineau es una genetista estadounidense que formaba parte del equipo que desarrolló el tomate Flavr Savr (también llamado McGregor), el primer alimento transgénico comercializado en el mundo. Durante el desarrollo de este producto, sin embargo, pasó (en sus propias palabras) “de devota creyente en las promesas de la biotecnología agrícola a escéptica y cautelosa respecto a las incertidumbres asociadas a esta”.

Muchas de sus reflexiones en torno a la ingeniería genética pueden encontrarse en su blog Biotech Salon , y no es la primera vez que utilizamos alguno de sus textos. Podemos recordar, por ejemplo, sus reflexiones tras la carta firmada por los Premios Nóbel el pasado verano: “¿Habria firmado el premio Nóbel Richard Feynman esa carta sobre los transgénicos?“.

En esta ocasión Belinda habla sobre las “grandes afirmaciones” realizadas en favor de los cultivos transgénicos, y cómo muchas veces obvian las advertencias o condiciones que las instituciones suelen añadirles. Este es un tema que ya tratamos en el Observatorio cuando se publicó hace aproximadamente un año el informe de la Academia Nacional de las Ciencias (“No, “la ciencia” no ha demostrado que los transgénicos son seguros“). El informe expresaba una visión general sobre los cultivos y alimentos transgénicos que recogía buena parte de la incertidumbre aún existente, las limitaciones de los estudios realizados y la imposibilidad de realizar afirmaciones “paraguas” de seguridad, afirmaciones que muchos medios se apresuraron a realizar. Precisamente Belinda ha tenido la ocasión de compartir mesa con el Director del Comité que redactó este informe, que también es mencionado en el artículo.

Cuando hablan sobre los últimos datos en referencia al maíz transgénico NK603 se refieren a esto (respuestas de los autores a algunas preguntas planteadas en referencia al estudio aquí).


Título: Incertidumbre científica y ética profesional en relación con los OMG
Origen: Biotech Salon

Fred Gould – director del comité que publicó el último Informe de la Academia Nacional de las Ciencias sobre OMG – y yo fuimos invitados a hablar en el tercer y último taller financiado por la NSF sobre “Incertidumbre Científica y Ética Profesional: de una Ciencia Pública Fuerte a Políticas Públicas Sólidas”, el cual mencionaba en mi último post: Pew Research Center Finds “Americans have Limited Trust in Scientists Connected with Genetically Modified Foods.” El taller tuvo lugar el pasado lunes, tras la publicación del informe del Pew Research Center. Dan Charles, periodista que publicó un artículo sobre el informe de Pew en NPR y que escribió el libro sobre transgénicos titulado Lords of the Harvest: Biotech, Big Money and the Future of Food (Perseus Publishing, 2001) moderaba la sesión.

Los participantes en el taller – fundamentalmente científicos, periodistas y abogados ambientalistas – utilizaron los transgénicos de uso agrícola como estudio de caso de cómo se comunica la incertidumbre científica al público. Todo el taller estaba siendo grabado.

En su presentación, el Dr. Gould insistió en un argumento que ya aparecía en el informe de la NAS [énfasis añadido]:

“En relación a la cuestión de la incertidumbre, resulta de utilidad señalar que muchas de las afirmaciones favorables por parte de distintas instituciones en relación a la seguridad de los alimentos derivados de cultivos transgénicos [como los mencionados en el Recuadro 5-1 del informe] están condicionadas en cierta forma, por ejemplo: “sin consecuencias evidentes” “no se han demostrado efectos sobre la salud humana,” “no presentan mayores riesgos per se” y “no es probable que presenten riesgos para la salud humana.” (ver nota al pieNota:). La investigación científica puede resolver muchas preguntas, pero no puede garantizar la seguridad absoluta al consumir determinados alimentos o realizarse determinadas actividades humanas.”

El Dr. Gould mencionó también que los medios de comunicación a menudo ignoran estas condiciones o advertencias.

(Yo añadiría que muchos biotecnólogos y otros defensores públicos de los transgénicos también se olvidan de mencionarlas. Ver, por ejemplo, The Absurdity of Claiming that “All GMOs are Safe.”)

A continuación expliqué brevemente algunas de las fuentes de incertidumbre asociadas con la ingeniería genética agrícola, que obligan – en pos de la total honestidad – a condicionar afirmaciones como las anteriormente mencionadas.

Describí cómo el introducir ADN en un organismo mediante ingeniería genética implica procesos biológicos muy diferentes a los cruzamientos tradicionales (se puede leer un artículo mío desarrollando este tema aquí), y que los genetistas vegetales saben que las mutaciones en los genes de la planta receptora y/o la inserción de grandes fragmentos del ADN vector que no debían insertarse en el cultivo transgénico (al usar el método basado en Agrobacterium) pueden darse en tasas que yo considero son relativamente altas (20% y hasta más del 60%). (Para más detalles sobre las incertidumbres de las que se sabe algo, ver por favor Crop Genetic Engineering, Warts and All.)

También mencioné nuestra falta de conocimiento en la actualidad – es decir, nuestra ignorancia – sobre el genoma de las plantas (y otros organismos), que no sabemos cómo funciona la mayor parte del ADN que los forma más allá de la pequeña cantidad (~2-3%) que sirve para codificar proteínas, pero que ha quedado claro que al menos parte del llamado ADN “basura” en realidad es imporante para la regulación de la expresión y las funciones génicas. Y dado que los científicos no tienen control sobre el lugar del genoma de la planta en el que se insertarán los genes foráneos (al menos utilizando las técnicas de ingeniería genética que se han utilizado en los últimos 30 años), las inserciones podrían alterar genes que codifican proteínas (provocando mutaciones) o regiones no codificantes del ADN con funciones desconocidas pero posiblemente importantes.

A continuación expliqué que la razón por la que se utilizan ensayos de alimentación en animales para evaluar los cultivos transgénicos es para detectar posibles consecuencias imprevistas – es decir, efectos pleiotrópicos – que podrían haber ocurrido como consecuencia de incertidumbres de este tipo. Continué diciendo que si estos estudios apuntan a posibles consecuencias negativas – como ocurrió con el estudio revisado por pares en 2012 con el maíz NK603 llevado a cabo por Séralini y su equipo, por ejemplo – la respuesta científica adecuada sería repetir el estudio; en lugar de esto, el estudio de 2012 fue retirado por “no concluyente” más de un año después de su fecha de publicación. (Para más información sobre varias cuestiones de seguridad relacionadas con los cultivos transgénicos y la controversia en torno a la publicación de Séralini, ver A Dearth of Life-Long Animal Studies of GE FoodsScience-based Regulation of GE Crops Requires More Long-Term Rat Feeding Studies with NK603 Corn.)

También mencioné que, en mi opinión, los genetistas vegetales no han sido completamente honestos y transparentes en lo que respecta a la incertidumbre científica asociada a la ingeniería genética; en vez de eso, muchos de ellos han hecho afirmaciones generales sobre su precisión, sobre que todos los cultivos y alimentos transgénicos son seguros, sobre que la ingeniería genética es simplemente una extensión de la mejora convencional… afirmaciones que pasan por alto la incertidumbre científica que yo creo los científicos son responsables de aportar a la sociedad para que esta, en su conjunto, pueda tomar buenas decisiones basándose en la información disponible sobre cómo utilizar y controlar una tecnología.

Añadí que el físico Richard Feynman había expresado esta misma filosofía respecto a la ciencia y la tecnología.

Después de algunas preguntas, el Dr. Gould y otros participantes en el taller se mostraron de acuerdo en que el artículo sobre el NK603 de Séralini y su equipo no debería haber sido retirado.

El Dr. Gould se mostró también de acuerdo en que la tecnología asociada a la ingeniería genética agrícola se había “vendido exageradamente”. Añadió también, y así lo indica su informe, que la utilización de nuevas técnicas científicas, incluyendo las “ómicas”, debería ser de utilidad a la hora de evaluar la seguridad de los productos de la biotecnología agrícola.

Pero como respuesta a la pregunta final que se nos hizo durante la sesión, “¿Crees que todos los productos transgénicos comercializados actualmente son seguros?” el Dr. Gould respondió “sí”, incluso después de que yo le recordase específicamente el caso del NK603.

Yo dije que creo que en el caso del maíz NK603 aún está por ver.

Un par de semanas más tarde, nuevos datos (junto con algo de polémica) salieron a la luz. “Un análisis multi-ómico integrado del maíz transgénico NK603 tolerante al Roundup revela alteraciones metabólicas provocadas por el proceso de transformación” se publicó en Scientific Reports.

Así que sigo creyendo que en el caso del maíz NK603, aún está por ver.

  • Nota:.Para ver más condiciones y formas de lidiar con ellas podemos remitirnos a la cita completa de la Organización Mundial de la Salud (en vez de la cita parcial que aparece en el informe de la NAS): “Distintos organismos modificados genéticamente incluyen distintos genes insertados de diferentes maneras. Esto significa que cada alimento modificado genéticamente y su seguridad deberían evaluarse caso por caso, y que no es posible realizar afirmaciones generales sobre la seguridad de todos los alimentos transgénicos. Los alimentos transgénicos disponibles actualmente en el mercado internacional han superado evaluaciones de seguridad y no es probable que presenten riesgos para la salud humana. Además, no se han hallado efectos sobre la salud humana como resultado del consumo de este tipo de alimentos por parte de la población general en los países en los que se han aprobado. La aplicación continua de las evaluaciones de seguridad basadas en los principios del Códex Alimentarius y, cuando corresponda, un adecuado seguimiento post-comercialización, deberían formar la base que garantice la seguridad de los alimentos modificados genéticamente.”

 

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