África sufre por el cambio climático 6

arton90-d677aLos informes advierten de graves efectos en el continente africano.

Javier Andaluz, Área de Cambio Climático de Ecologistas en Acción. Revista Ecologista nº 90.

El continente africano sufre los efectos del cambio climático con mayor virulencia, a pesar de que sólo es culpable del 3% de emisiones de Gases de Efecto Invernadero. La drástica reducción de lluvias en muchas regiones es ya una evidencia del cambio climático.

La región que nos viera nacer como especie, Etiopía y una gran parte del Cuerno de África, sufre desde principios de 2016 la mayor sequía jamás registrada. Este es el penúltimo ejemplo de los efectos que ya estamos experimentando como consecuencia del cambio climático. Unos cambios que se manifiestan con mayor intensidad en las regiones empobrecidas del planeta.

África es probablemente el continente más vulnerable al cambio climático. Sus propias condiciones geográficas provocan que, aunque se consiga frenar el calentamiento global a 2ºC, la región sufrirá un calentamiento superior a los 4ºC lo que provocará el incremento de, al menos, un 10% el desierto del Sahara.

La reducción en un 82% de la extensión de las nieves permanentes del Kilimanjaro o que el Lago Chad hoy ocupe solo el 10% de la superficie que tenía en 1960, son muestras claras de la degradación que está sufriendo África. El aumento de la temperatura del océano índico explica la reducción de monzones y lluvias entre marzo y junio en el este africano que han sido observadas durante las tres últimas décadas. Una de las evidencias más claras que se pueden atribuir directamente a las perturbaciones por acción humana, es la reducción de las precipitaciones en el norte de África, con el récord de 330 días sin llover [1].

Subida de la temperatura del mar

Además, el clima africano está profundamente condicionado por los mares, que están experimentando una continua elevación de la temperatura y de la acidificación. El último informe del IPCC [2] afirma, con un alto grado de confianza, que el calentamiento regional que sufrirá África durante este siglo será más rápido que la media global, e incluso, en algunas regiones al oeste del continente se degradarán una o dos décadas antes que el resto del planeta. Problemas como el blanqueamiento de los corales o el aumento del nivel del mar se producen también sobre la región. Ya es una evidencia el desplazamiento de muchas especias de peces hacia latitudes más templadas.

En una región donde la mayor parte de la población vive de la agricultura, la ganadería y la pesca, la continua sucesión de estos fenómenos desde 1970 se está traduciendo en hambrunas, revueltas sociales y grandes flujos migratorios. Una muestra es el caso de Etiopía [3] donde la creciente reducción de las precipitaciones se combina con los efectos del Niño y está provocando que más de 10 millones de personas necesiten desde finales de 2015 ayuda humanitaria urgente.

Las propias Naciones Unidas se han atrevido a vaticinar que el rendimiento agrícola en algunos de los países africanos puede reducirse hasta la mitad en 2020. Según afirma un informe de la oficina regional para el cambio climático en África: “En la actualidad, unos 240 millones de africanos ya sufren de hambre. Para el año 2050, será suficiente el aumento de 1,2 hasta 1,9°C para aumentar entre el 25 y el 95% el número de los africanos desnutridos (+25% en África central, +50% en África oriental, +85% en África del sur y +95% en África Occidental)” [4] Además, otro informe estima que ese aumento de temperatura supondrá la pérdida de entre el 40 y el 80% de las áreas de cultivo de maíz, mijo y sorgo en la década de 2030-2040 [5].

Equidad y cambio climático

El cambio climático es también un problema de equidad. Prueba de ello es que, a pesar de que África sólo es responsable del 3% del total de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI), es uno de los continentes que con mayor intensidad sufrirá las consecuencias del calentamiento global. El continuo expolio que sufre África no solo es responsable de la existencia de numerosos estados frustrados en el continente, sino que ha privado y sigue privando a la población de recursos fundamentales para su supervivencia.

África sigue siendo el continente más empobrecido del mundo. Con el 13% de la población mundial, el continente acoge el 33% de la población dentro de los umbrales que definen la pobreza del mundo y alcanza el 1,6% del PIB global. Todavía un cuarto de la población sufre de desnutrición.

Hasta 2012, la mitad de las muertes infantiles a nivel mundial ocurrían en África. Más de la mitad de las personas del continente –el 62%– vivían en chabolas [6] y solamente el 16% tenía acceso a agua potable por tubería [7].

Estas escaseces se centran especialmente en las mujeres y la infancia, ya que afrontan un papel muy ligado a la pequeña agricultura de subsistencia familiar que será la más afectada por el cambio climático.

Son comunes en muchos de los países del continente procesos como el creciente éxodo rural hacia las grandes ciudades que sigue aumentando la presión urbanística sobre recursos ya escasos. Además, en los últimos años el incremento automovilístico basado en tecnologías obsoletas ha disparado alarmantemente los niveles de contaminación de muchas ciudades.

La falta de infraestructuras, el acaparamiento de tierras y recursos por parte de Estados y grandes corporaciones mineras, la falta de medidas de protección laboral y ambiental y la presencia de numerosas redes corruptas son también problemas climáticos. El calentamiento global con toda probabilidad aumentará la brecha de sociedades ya profundamente desiguales acelerando la espiral de deterioro socio-ambiental.

Expolio de Recursos

Conflictos como el comercio de diamantes o el del coltán son una clara muestra de cómo el cambio climático y la desigualdad son dos caras de una misma moneda. Un ejemplo es Guinea Ecuatorial [8], donde el 85% de la economía viene de la explotación del petróleo y gas, a través de la empresa del dictador del país Teodoro Obiang, dedicada a la concesión de permisos a compañías internacionales; Las tres mayores petroleras presentes en el país son estadounidenses (Maratthon Oil, Exxon Mobil y Hess Corporation). A pesar de que el país es uno de los que crecen más en la región, el 75% de la población vive con menos de dos euros al día y es una sociedad profundamente desigual basada en castas.

África es apenas responsable del cambio climático. Son los países con mayores emisiones acumuladas de GEI quienes tiene la obligación, no solo de la mitigación, sino también de contribuir con la plena consecución de los derechos humanos en la región.

Frente al modelo actual centrado en proyectos que vienen del extranjero, es necesario que sean los africanos quienes se conviertan en los sujetos activos de un cambio basado en la justicia climática, con una especial atención al empoderamiento femenino e infantil.

Debe producirse urgentemente una transferencia de tecnologías, conocimiento y financiación del norte al sur global. Los retos a abordar son mayúsculos, siendo prioritario alcanzar la soberanía alimentaria en el presente y de cara al futuro. Por eso, es necesario promover proyectos autónomos y ciudadanos que favorezcan sistemas resistentes a los cambios del clima.

Pero no sería justo dejar de reconocer la dignidad de aquellos que luchan diariamente, que muestran como frenar el cambio climático puede ser una de las mejores formas de combatir muchos de los problemas de la región.

Es precisamente un modelo basado en el petróleo y en el acaparamiento de recursos naturales el que necesita mantener el statu quo vigente desde hace siglos.


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