Lobby de los pesticidas | democracyforsale.eu

La ECPA y CropLife America, los grupos de presión de los fabricantes de pesticidas en la UE y EEUU, han hecho todo lo posible para que las multinacionales que representan –como Syngenta, Monsanto y BASF– saquen el máximo partido al TTIP. Han tenido suerte, y tanto los negociadores de los EEUU como los de la UE han estado encantados de trabajar codo con codo con la industria de los pesticidas para procurar que el TTIP “minimice sus costes y cargas”, aunque ello signifique aumentar los riesgos para la salud y el medioambiente. Su plan en materia de cooperación reguladora para los pesticidas debilitaría las leyes de la UE, que son más protectoras, y las acercaría al modelo de regulación norteamericano, que concede a la industria de los pesticidas más libertad para contaminar y envenenar. Si los grupos de presión de la industria pesticida continúan saliéndose con la suya en lo que se refiere al TTIP, la UE tendrá que hacer frente a una mayor cantidad de residuos de plaguicidas en los alimentos; al uso de productos químicos cancerígenos y alteradores endocrinos y de pesticidas que eliminan a los polinizadores; a un acceso público más limitado de la información sobre pesticidas, y a más injerencia de la industria durante el proceso de toma de decisiones, resultando en un mayor riesgo para los consumidores. De hecho, los grupos de presión de la industria de los pesticidas ya se han servido del TTIP para retrasar y debilitar restricciones de la UE de vital importancia sobre alteradores endocrinos. Esta dinámica de “suspensión reguladora” cobrará todavía más fuerza cuando se alcance el acuerdo final.

 

 

¿A quién le importa?

La Asociación Europea de Protección de las Cosechas (ECPA, por sus siglas en inglés) y CropLife America (CLA) son los grupos de presión/asociaciones empresariales que representan a la industria de los pesticidas a ambos lados del Atlántico. Multinacionales gigantescas como Syngenta, Monsanto, BASF, Bayer CropScience y Dow AgroSciences están más que acostumbradas a que el público se oponga a sus productos tóxicos. Ambos grupos de presión han jugado un papel clave en la utilización del TTIP para retrasar, debilitar o eliminar una regulación necesaria, urgente y efectiva sobre productos químicos que actúan como alteradores endocrinos en la UE, al tiempo que conseguían que sus demandas para el TTIP se vieran reflejadas en las posiciones oficiales y documentos comerciales tanto de los EEUU como de la UE.

“En colaboración con la industria”

Desde el comienzo del TTIP, la Comisión Europea ha abierto las puertas a la industria de los pesticidas, animando a la ECPA y CLA a decirles como les gustaría que el TTIP “minimizara para las empresas los costes y cargas que surgen de las regulaciones y normas divergentes […] futuras y ya existentes”, haciendo hincapié en que los pesticidas son uno de los “sectores clave en los que fijarse para mejorar el marco de las empresas”. Así es como empezó una relación larga y de estrecha cooperación, presentándose las intenciones secretas de la industria como propias de la Comisión. De hecho, existen documentos filtrados de la Dirección General de Comercio que muestran propuestas para el TTIP que empiezan con las palabras “en colaboración con la industria”.

Diferencias letales entre la regulación de pesticidas de la UE y los EEUU

El objetivo de los grupos de presión de la industria de los pesticidas de establecer una cooperación reguladora ha sido adoptado por la Comisión Europea,

pero los enfoques de la UE y los EEUU en materia de regulación de los pesticidas se fundamentan en principios muy distintos, con resultados notablemente dispares. La postura cautelosa de la UE a la hora de regular los pesticidas es mucho más estricta que la de los EEUU, donde los análisis de riesgo y coste-beneficio –que ponen el acento en los costes para la industria sobre la salud de las personas y el planeta– y el alto nivel de evidencia requerido impiden que los reguladores restrinjan incluso pesticidas que saben que son nocivos. Al menos 82 pesticidas prohibidos en la UE están permitidos en los EEUU, incluidos productos químicos cancerígenos y “extremadamente peligrosos”; mientras que 33 de las 36 normas sobre los niveles máximos de residuos de plaguicidas permitidos en los alimentos son más estrictas en la UE que en los EEUU. Son estas diferencias las que convierten la presión para lograr una “armonización” reguladora en algo tan peligroso. La ECPA y CLA atacan el principio de cautela precisamente porque garantiza que cuando el riesgo sea elevado –por ejemplo, cuando exista un peligro para la salud o el medioambiente–, se actúe de acuerdo con pruebas sólidas, independientemente de los intereses o beneficios de las multinacionales.

Hacia el denominador común más bajo

El Centro de Derecho Ambiental Internacional (CIEL, por sus siglas en inglés), ha alertado sobre los peligros que entrañan las demandas para el TTIP de la industria de los pesticidas. El emblemático estudio publicado en el 2015 “El denominador común más bajo: cómo el acuerdo comercial UE-EEUU amenaza con rebajar los estándares de protección de los pesticidas tóxicos” reveló cómo las propuestas de CropLife America y la ECPA de 2014 en materia de cooperación reguladora en el TTIP pretendían minimizar los niveles de protección en la UE, para igualarlos a los de EEUU:

“La adopción de las propuestas de la industria de los pesticidas incrementaría la cantidad de residuos plaguicidas en los alimentos que se venden a los consumidores en Europa; permitiría el uso de productos químicos alteradores endocrinos, que son cancerígenos, así como otros pesticidas tóxicos, y obstaculizaría los esfuerzos para proteger a las abejas y otros polinizadores, poniendo en peligro el suministro de alimentos para generaciones futuras…

Las propuestas de CropLife y ECPA también amenazan con bloquear el acceso público a información crucial para desarrollar alternativas no tóxicas; obstaculizar el proceso democrático usurpando la autoridad para regular de los estados miembros de los EEUU y la UE, e instaurar un “techo regulador”, que limitaría la regulación de los pesticidas a nivel mundial”.

A pesar de las perspectivas nefastas para la salud, el medioambiente y sobre todo la democracia, el informe también demuestra que la postura de los negociadores de la UE y los EEUU en el TTIP –la Comisión Europea y el Representante de Comercio norteamericano respectivamente– es la de apoyar muchas de las propuestas de la industria. Y esta realidad no ha cambiado.

Fabricando la duda

Parte del éxito de los grupos de presión de la industria de los pesticidas se debe a sus ingeniosas tácticas –sacadas del manual de la industria tabaquera– para fabricar polémicas científicas, como por ejemplo, el uso de la retórica de la “ciencia bien fundamentada” para tachar acciones reguladoras destinadas a proteger la salud y el medioambiente de poco científicas. A pesar de ello, tal y como señalan los expertos en derecho ambiental del CIEL, el principio de cautela que aplica la UE en “los pesticidas que entrañan un riesgo incontrolable es un paso pragmático y fundamentado en la ciencia” hacia un medioambiente sin sustancias tóxicas. Lo que en realidad quiere la industria es dificultar la regulación de sus productos, haciendo necesario que los reguladores demuestren con un nivel de evidencia casi imposible de lograr que un pesticida no es seguro –pero al mismo tiempo eximiendo a la industria de presentar pruebas que demuestren que sí lo es. Así es como funciona el sistema norteamericano. Detrás de su retórica de la “ciencia bien fundamentada” se esconde una postura basada en lo que resulta más rentable: un modelo que incrementa los factores de riesgo para la sociedad y el medioambiente, mientras multinacionales como Syngenta y Monsanto se llenan los bolsillos. Tal y como apunta el Centro para la Seguridad Alimentaria, si la ECPA y la CLA se salen con la suya respecto al TTIP, veremos como “caen en picado los mecanismos de protección ante los productos químicos usados en el sector agrario en la UE”.

La saga de los químicos que alteran las hormonas

La campaña de la industria de los pesticidas a favor de un enfoque poco cauteloso y basado en el riesgo tiene por objetivo cambiar el modo en que se regula –mediante la “cooperación reguladora”– y así beneficiar sus propios intereses. La saga de los alteradores endocrinos (EDC, por sus siglas en inglés) es un claro ejemplo de lo que está en juego en el TTIP. Los EDC, que están presentes en muchos productos de nuestro día a día, están relacionados –incluso en dosis muy pequeñas– con la aparición de diversas afecciones mentales, físicas y reproductivas en humanos, incluyendo cánceres y malformaciones congénitas.

La legislación de la UE exige que se limiten debido a su peligro intrínseco, lo cual significa que, en la práctica, no hay ninguna dosis por debajo de la cual no sean peligrosos.

Pero gracias a la sofisticada ofensiva por parte de los grupos de presión empresarial, la industria de los pesticidas ha contribuido a retrasar y debilitar los criterios de la UE para identificar los EDC. Y esto se ha logrado gracias en parte al uso instrumental del TTIP –cuyo objetivo es el de acabar con las diferencias reguladoras entre los EEUU y la UE. La Organización Europea de Uniones de Consumidores (BEUC, por sus siglas en inglés) ha reconocido el efecto “paralizador” del TTIP en iniciativas sobre los EDC, alertando de que “esta suspensión reguladora se verá intensificada” cuando se alcance un acuerdo final. Cuando finalmente la Comisión publicó sus criterios en materia de EDC en junio del 2016, BEUC observó que “muy pocas sustancias serían definidas y reguladas como EDC”, lo cual “va en contra del principio de cautela, según el cual, el criterio de protección debe prevalecer en caso de incertidumbre científica”. Al final, llegaron a la conclusión de que “la Comisión ha rebajado su ambición de mantener criterios estrictos en materia de EDC para no poner en peligro las negociaciones del TTIP con los EEUU”.

¿Por qué le preocupa tanto a la Comisión poner en peligro el TTIP? Porque durante el proceso no ha dejado de recibir avisos sobre este tema por parte de la industria y de los responsables de comercio de los EEUU a petición de la industria. Por ejemplo, la ECPA advirtió de que la aprobación de criterios estrictos sobre los EDC “podría provocar un trastorno grave al comercio”, mientras que la CLA avisó de que los planes de la UE sobre los EDC podrían “crear precisamente el tipo de obstáculos reguladores que un posible tratado de libre comercio entre la UE y los EEUU estaría destinado a hacer frente”, y “poner en peligro el TTIP”. La CLA se jactó de que la presión ejercida en materia de EDC y TTIP “había resultado sumamente útil”, lo cual queda confirmado por el representante de comercio de EEUU, que se reafirma en su opinión de que los planes de la UE sobre los EDC no tienen fundamento científico y limitan innecesariamente el comercio.

El uso que la industria de los pesticidas hace del TTIP como herramienta para luchar en contra de una regulación eficaz de los EDC nos indica dos cosas:

  • La mera amenaza de no hacer nada que pueda poner en peligro el TTIP ha ayudado a socavar, debilitar y retrasar sustancialmente una regulación urgente y muy necesaria sobre los productos químicos altamente peligrosos usados en los pesticidas.
  • Una vez se alcance un acuerdo, ésta dinámica cobrará más fuerza, ya que las provisiones para la cooperación reguladora concederán a la industria más capacidad de influir sobre la legislación (y sus principios subyacentes) y las evaluaciones de impacto destinadas a valorar los posibles obstáculos al comercio entre UE-EEUU (¡como el principio de cautela!). Sin mencionar que la industria de los pesticidas podrá demandar a los gobiernos por legislar en contra de s sus beneficios, obtenidos mediante la comercialización de pesticidas tóxicos.

Los grupos de presión de la industria de los pesticidas –que representan a multinacionales como Syngenta y Monsanto– utilizan hábilmente una retórica falaz y un modelo que antepone los beneficios a la seguridad. Si la comida envenenada, cocinada y servida por el TTIP, no te sabe bien, vota para que ECPA y CLA –y su colaboración con los representantes políticos de la UE y los EEUU– ganen el premio Democracia en Venta.

Origen: Lobby de los pesticidas | democracyforsale.eu

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