Argentina: “La soja no paga la contaminación, la pérdida de biodiversidad ni da trabajo”

Fuente: El Puntal de Río Cuarto

maxresdefaultPara el dirigente de Federación Agraria Claudio Demo, monopoliza el campo argentino e impide que crezcan modelos alternativos. Dijo que hay que modificar el sistema impositivo y la tenencia de tierras
Mientras el cultivo de soja sigue cubriendo buena parte de la geografía del país, hay quienes plantean alternativas sustentables que permitan mantener la producción agícola. Para el dirigente de Federación Agraria Claudio Demo, la rentabilidad de la oleaginosa se basa en que no paga ninguno de los pasivos que genera.
“Ni la contaminación, ni la pérdida de biodiversidad ni la caída de puestos de trabajo”, sostuvo. En tal sentido, aseguró que los modelos agroecológicos son igual de rentables porque generan más fuentes laborales y no son agresivos con el medioambiente. Además, señaló que, para revertir la situación, harían falta una reestructuración del sistema tributario y una nueva política de tenencia de tierras.
Para el ruralista Claudio Demo, una de las vías posibles sería instalar un sistema de producción agroecológico, lo que en la práctica permitiría bajar hasta un 80 por ciento el uso de químicos para el control de plagas y malezas.
“Esto presenta algunas diferencias sustanciales. Por ejemplo, la ganadería directamente no necesita de estos productos; el maíz permite en gran medida el cultivo sin herbicidas ni pesticidas, pero la soja y el maní requieren aunque sea algo de ellos”, explicó el dirigente agrario.
Demo admitió que este modelo implica una ecuación diferente en términos de rentabilidad, aunque por otro lado no deja un pasivo ambiental tan grande.
“En realidad, las grandes utilidades que deja la soja provienen de reducir la mano de obra. Es decir que a la desocupación que genera la paga otro”, reflexionó.
En cambio, el análisis de la producción agroecológica tiene otras variables. Si bien ofrece menor rentabilidad desde el punto de vista del capital, tiene la ventaja de dar puestos de trabajo y no engrosar la deuda ambiental.
“La soja convencional es barata porque externaliza costos. Es barata porque no paga la contaminación, no paga la pérdida de biodiversidad ni la desocupación. Si uno pone en la balanza todos estos daños colaterales, es igual de cara que la producción agroecológica”, apuntó el dirigente.
La diferencia de rentabilidad supone que pasar a un sistema amigable con el entorno natural es un 20 por ciento más caro para el productor.
Una de las políticas que, según Demo, pueden ayudar a revertir la concentración de tierra en pocas manos es reestructurar el sistema impositivo al agro, apuntando a convertirlo en un esquema progresivo en el que los productores más chicos paguen menos -o tengan más beneficios- que los grandes pooles de siembra.
Para ello, hay ejemplos a la mano. “En Estados Unidos rige una ley antimonopólica por la cual ninguna empresa puede concentrar más del 25 por ciento del mercado. En Argentina, dentro del rubro semillas, Monsanto controla alrededor del 70 por ciento del mercado en soja y maíz”.
Otra vía para instalar alternativas al monocultivo sojero sería, según el dirigente de Federación Agraria, otorgar incentivos a la producción agrícola menos extendida.
No obstante, hace falta una fuerte decisión política y, por ahora, no es negocio para el Gobierno. “El Estado piensa igual que los chacareros y por eso la forma ideal para recaudar a través de los impuestos es la soja”, señaló.

-¿Cómo salir de esa sociedad del Estado con las grandes corporaciones?
-El país tendría que sustituir 5 millones de hectáreas de soja por alfalfa, hacer ganadería y exportar carnes. Además, hay que pensar que hay otras alternativas de producción que tienen compradores en el mundo, como por ejemplo las legumbres que consume el mundo árabe, sorgo, lino y otros.

-¿Se pueden pensar estos cambios en la coyuntura actual o hacen falta políticas previas?
-Es fundamental el fraccionamiento de la tierra. Urquía, en el año 2002, declaró 500 mil hectáreas cultivadas en la provincia de Córdoba. Y la concentración se fue agravando en los últimos años. Otra de las políticas que se podrían imitar son las que aplica Europa, donde el sistema tributario es más contemplativo con los productores que habitan los campos, que generalmente son los de escala más pequeña. Hoy es muy difícil volver a la ganadería porque los campos argentinos se han quedado sin gente, y sin gente no hay ganadería.

-¿Qué chances tienen hoy estas políticas alternativas?
-Creo que muy pocas, porque los productos aumentaron entre 30 y 40 por   ciento respecto a cuando los sembraron. Durante la siembra se rogaba vender la soja a 300 pesos, y el precio que tuvo fue de 430. Y después del año que viene, en el que se duplicará la oferta de maíz, los precios van a bajar mucho, pero van a favorecer sobre todo a los grandes productores de gallinas, cerdos y a los tambos. Al final, sólo esos van a quedar en pie, porque los chicos ya están todos fundidos.

 

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