La ayuda internacional, ¿caballo de Troya de las multinacionales en África? #OGM

Inf’OGM       Pauline Verriere

Ayuda internacional Africa

En África, el 90% de las semillas cultivadas se obtienen a través de sistemas informales. Esto hace que África se erija como un gran mercado por abrir para las grandes multinacionales. Sin embargo, la oposición local y la legislación implementada dificultan la entrada de estas empresas. El Parlamento Europeo ha denunciado que algunos fondos de ayuda al desarrollo están utilizándose precisamente como herramienta para relajar la legislación y facilitar la entrada de estas empresas en países empobrecidos, dando por hecho que cualquier tipo de inversión privada en la zona irá en beneficio de las poblaciones locales. Sin embargo, estas inversiones se están destinando a afianzar un modelo agrícola industrial que perjudica a las poblaciones campesinas y criminaliza esos sistemas de intercambio informal de semillas, además de forzar la eliminación de leyes de protección del medio ambiente.

En 2014, la Unión Europea invirtió más de mil millones de euros, y Francia 521 millones, en la lucha contra la pobreza en África subsahariana (programa NASAN). Mientras tanto, la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo considera que esta maniobra financiera, lejos de favorecer a las poblaciones locales, beneficia sobre todo a las empresas multinacionales al facilitar su implantación en estos nuevos mercados. El 6 de junio el pleno del Parlamento europeo confirmó esta posición.

El 20 de abril la Comisión de Desarrollo del Parlamento europeo apoyó un informe1 sobre la Nueva alianza por la seguridad alimentaria y la nutrición (NASAN, ver sección siguiente) en el que se critica enérgicamente este programa de ayuda en África subsahariana. Unas semanas más tarde, le toca al Parlamento europeo adoptar esta posición.

La agricultura campesina y familiar es la que más posibilidades tiene de asegurar la seguridad y soberanía alimentarias, como recuerda la FAO2. Sin embargo, sigue siendo ignorada por los investigadores, después de más de 30 años. La resolución recuerda que este modelo agrícola y las personas campesinas deberían estar en el corazón de la NASAN, y que las inversiones privadas en agricultura no reducen automáticamente la pobreza ni garantizan la seguridad alimentaria. Las comunidades rurales autóctonas, campesinas y pescadoras, objetivo en principio de este programa, se han visto excluidas en gran medida de la consulta previa y su puesta en marcha.

La NASAN en pocas palabras

La NASAN es un programa de ayuda lanzado por parte del G8 en 2012. Su objetivo: mejorar la seguridad alimentaria y la nutrición, ayudando así a 50 millones de personas en África subsahariana a salir de la pobreza de aquí al año 2022. La idea de este programa es la de favorecer inversiones público-privadas en el sector agrícola, especialmente para invitar a los Estados africanos a adoptar legislaciones más suaves: fiscalidad favorable, relajación de la reglamentación (semillas, bioseguridad…).
Sin embargo, con la excusa de actuar contra el hambre y la pobreza, esta iniciativa favorece en la práctica un modelo agrícola industrializado orientado a la exportación, en detrimento de una agricultura campesina y familiar. En lugar de beneficiar a las poblaciones locales, este sistema facilita el acaparamiento de tierras y el dominio de nuevos mercados por parte de las empresas multinacionales, entre las cuales se encuentran Cargill, DuPont, Monsanto, Nestlé, Syngenta, Unilever…
Al desregular, estos Estados renuncian a ingresos fiscales necesarios para poner en marcha políticas que beneficien a las poblaciones locales, así como a su legislación protectora, especialmente del medio ambiente.Un sistema contra-productivo que ha sido criticado duramente por numerosos actores desde su implementación5, a los cuales se suma ahora la voz del Parlamento europeo.

¿Semillas estandarizadas y transgénicas para luchar contra el hambre?

En esta resolución, la Comisión de Desarrollo y el Parlamento han tomado posiciones fuertes sobre la cuestión de las semillas y los transgénicos.
Subrayan la importancia de la accesibilidad de las semillas para la población campesina (tanto por el precio como por los derechos de propiedad) para garantizar la seguridad alimentaria; también subrayan el papel de las semillas campesinas en la adaptación de la agricultura al cambio climático. Lamentan por tanto que las empresas inciten a las instituciones regionales a armonizar la reglamentación de los países africanos utilizando criterios aplicados a las semillas industriales (y especialmente las famosas normas DHS – Distinción, Homogeneidad y Estabilidad). En efecto, la instauración de un sistema de este tipo supone un freno al intercambio y desarrollo de semillas tradicionales, y beneficia a las semillas industriales3. La dispersión en África de las semillas certificadas aumentaría la dependencia de las industrias semilleras por parte de los campesinos, y provocaría una erosión de la biodiversidad, consecuencias diametralmente opuestas a los objetivos oficiales de la NASAN.

La resolución aconseja por tanto a los Estados miembros de la Unión Europea “no apoyar el cultivo de transgénicos en África“, el último avatar de las semillas industriales, protegidas por patentes que prohíben su reproducción. Invita a los Estados africanos a no adoptar a este respecto una reglamentación nacional que sea menos restrictiva que el Protocolo de Cartagena para la prevención de riesgos biotecnológicos.

Monsanto ha reaccionado a esta posición de la Comisión, acusándola de “neocolonialista y contraria a los negocios“: que los africanos decidan por sí mismos si la tecnología de los OMG puede serles útil o no4. Pero si vemos en qué consiste la NASAN, ¿realmente tienen elección? La Comisión del Parlamento parece pensar que no, dado que actualmente esta iniciativa promueve como única opción la expansión del modelo agroindustrial.

A través de la crítica, esta resolución tiene como objetivo el incitar a los Estados miembros a transformar la NASAN “en una verdadera herramienta para el desarrollo sostenible“. Proponen que las inversiones reciban un mejor control y seguimiento, especialmente mediante la implementación de indicadores para evaluar los efectos de las acciones emprendidas, mecanismos de apelación para las poblaciones locales y un órgano externo de control.

Una resolución de este tipo podría suponer un posicionamiento político aún más importante dado que la Unión Europea se encuentra, junto con Estados Unidos y Francia, entre los tres principales contribuyentes públicos de la NASAN. Podría presionar, por tanto, para convertirla en una verdadera herramienta de ayuda al desarrollo… o decidir retirarle su apoyo y abandonarla.

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